Al fin se llega al punto donde la vista es amplia, perfecta para deleitarse y beberse el atardecer. Aquí los ojos del alma y los ojos físicos se funden en uno, ante la luz tan llena de fuerza y color. Es necesario en este momento abrir los ojos de la razón para poder entregarse al disfrute de ver el pasado de frente. Si porque lo que ahora tenemos de frente es suma de lo pasado; al transcurrir la tarde uno imaginaba cuales de esas nubes llegaría a la cita con el ocaso. Y como en la vida lo que tenemos delante es el pasado. Imprescindible como dijera José María Vigil. De frente siempre tenemos nuestra propia historia.
Ahora está listo el observador de nubes para aprender de este oficio ya que ante aquel emotivo final del día se puede con toda tranquilidad en aquel tiempo que parece no pasar o por lo menos no con la premura con que corrió la jornada. Aspirar aquel aire que huele como nunca a eternidad y ver el final como una conclusión a la cual se llega en base a poder construir con cuidado paso a paso cada instante, que ahora llamamos pasado pero que esta de frente a nosotros. Seguramente el recuerdo amontonará suficientes imágenes que es posible nos obstaculicen verá que la luz cada ves es más tenue y los colores se deslavan ante sus ojos, y por que no que sea la melancolía, la que así los perciba, porque justo ahora el sol muestra su último esplendor y nos recuerda que hicimos y no lo que intentamos hacer.
El sol se ido, queda aun claridad y en nuestro entendimiento también la claridad y la certidumbre. Es momento de inicia a percibir el sabor de la esperanza. La esperanza es el único antídoto contra lo insoslayable.
viernes, 9 de diciembre de 2011
martes, 15 de noviembre de 2011
manual del observador de nubes (página uno)
Prefacio al manual del observador de nubes.
No hay colores más hermosos para los ojos del alma que los de un atardecer con nubes; llega a tal grado su belleza que uno afirma con el pensamiento, valió la pena vivir este día para verlo, y claro es absolutamente necesario ser un observador de nubes adiestrado para poder tener el disfrute máximo de estos colores. Es por esto que este manual del observador de nubes es tan indispensable en esto momentos donde la capacidad de levantar la mirada se está perdiendo.
Lo primero que tendrá que notar el buen observador de nubes es el momento preciso en que las tonalidad de las nubes cambian, el gris o blanco a los primeros rojos. En la vida hay que ir notando algunos cambios y aceptándolos, es muy cómodo que las cosas no cambien, pero poco productivo.
El color del atardecer primero es rojo preludio de que el final está próximo, pero no como pérdida sino como el gran final de un día que ha sido esplendoroso.
Ubicarse adecuadamente es parte de este asumir la pérdida y aprender de la ganancia, encontrar el camino adecuado para llegar al punto de la observación, muy próximo a casa hay un bosque; (dicho de paso no hay colores mejor combinados que el verde, azul y blanco), caminando por la vereda son los colores que ves. No hay nada mejor para los pasos que saber a donde vas, sobre todo la vereda que tengo que seguir para llegar al lugar donde se puede ver el atardecer, es casi imposible dar el siguiente paso adivinando que está adelante hay que ver con cuidado, el sendero está desgastado por el tránsito cotidiano del los amantes del bosque y por las corrientes de agua que descienden del cerro, pero cualquier peligro es fácil de superar con un poco de cuidado.
Suena interesante el sonido cuando uno se aleja de la urbe, esos sonidos cotidianos que se alejan y ahora puede sentirse el sonido de lo no usual muy cercanos, y sabes que vas por buen camino.
Las aves al atardecer al refugiarse en lo árboles nos dan las notas que nos hacen saber a donde seguir.
No hay colores más hermosos para los ojos del alma que los de un atardecer con nubes; llega a tal grado su belleza que uno afirma con el pensamiento, valió la pena vivir este día para verlo, y claro es absolutamente necesario ser un observador de nubes adiestrado para poder tener el disfrute máximo de estos colores. Es por esto que este manual del observador de nubes es tan indispensable en esto momentos donde la capacidad de levantar la mirada se está perdiendo.
Lo primero que tendrá que notar el buen observador de nubes es el momento preciso en que las tonalidad de las nubes cambian, el gris o blanco a los primeros rojos. En la vida hay que ir notando algunos cambios y aceptándolos, es muy cómodo que las cosas no cambien, pero poco productivo.
El color del atardecer primero es rojo preludio de que el final está próximo, pero no como pérdida sino como el gran final de un día que ha sido esplendoroso.
Ubicarse adecuadamente es parte de este asumir la pérdida y aprender de la ganancia, encontrar el camino adecuado para llegar al punto de la observación, muy próximo a casa hay un bosque; (dicho de paso no hay colores mejor combinados que el verde, azul y blanco), caminando por la vereda son los colores que ves. No hay nada mejor para los pasos que saber a donde vas, sobre todo la vereda que tengo que seguir para llegar al lugar donde se puede ver el atardecer, es casi imposible dar el siguiente paso adivinando que está adelante hay que ver con cuidado, el sendero está desgastado por el tránsito cotidiano del los amantes del bosque y por las corrientes de agua que descienden del cerro, pero cualquier peligro es fácil de superar con un poco de cuidado.
Suena interesante el sonido cuando uno se aleja de la urbe, esos sonidos cotidianos que se alejan y ahora puede sentirse el sonido de lo no usual muy cercanos, y sabes que vas por buen camino.
Las aves al atardecer al refugiarse en lo árboles nos dan las notas que nos hacen saber a donde seguir.
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